En los campos de Andahuaylillas y Quiquijana, la tierra vuelve a hablar el lenguaje ancestral de la diversidad. Gracias al proyecto TERSAA, 124 familias rurales hoy manejan al menos cuatro cultivos diferentes y crían animales de forma agroecológica —sin químicos, con respeto a la Madre Tierra y en armonía con sus saberes tradicionales.
Mujeres como Valentina Quispe, de Yutto, no solo alimentan a sus hijos con hortalizas frescas y cuyes sanos, sino que venden sus excedentes en el mercado local cada miércoles. Otras, como Jesús Paniagua en Huaccaytaqui, han dado un paso más: transforman fresas agroecológicas en mermeladas, vinos y deshidratados con registro sanitario, generando empleo para jóvenes mujeres.
Con 97 % de las familias aplicando lo aprendido y más de la mitad recuperando prácticas ancestrales, este proyecto va más allá de la producción: es un acto de resistencia, cuidado y dignidad alimentaria.




